Reflexiones sobre el disfrazar a los niños en el 0-3

Reflexiones sobre el disfrazar a los niños en el 0-3

Durante toda nuestra trayectoria como escuela hemos celebrado con los niños y las familias distintas tradiciones propias de nuestra cultura y de otras culturas que, poco a poco, se han ido arraigando en nuestra sociedad. Ahora que se acerca Halloween y más adelante llegará el Carnaval, volvemos a reflexionar sobre ello.

El estudio y conocimiento de las edades de los niños que acompañamos en la escuela nos ha llevado a modificar la forma en la que llevamos a nuestra aulas estas tradiciones y, sobre todo,  el interés que puede tener para ellos algunas de ellas, dada la edad que tienen.

Por eso, siguiendo la máxima de seleccionar qué fiestas queremos celebrar de una manera consciente, significativa y respetuosa con nuestros niños, hemos planteado la forma de llevarlas a nuestras aulas de una manera u otra teniendo siempre en cuenta los meses que tienen.

Hasta aproximadamente los  2 años, los niños se encuentran en un momento de construcción de su identidad personal, del “yo”, de la imagen que tienen de sí mismos y de los que le rodean. Es una etapa en la que todavía no aparece el juego simbólico, el jugar a ser otro, a representar diferentes personajes. Disfrazarles de “otro” puede suponer alterar lo que les da seguridad, supone alterar sus rutinas, enfrentarse a situaciones que les son ajenas, sin sentido para ellos, que incluso les puede asustar.

A partir de los dos años, ya aparece el juego simbólico, les gusta jugar a lo que hacen los mayores, quieren imitar lo que conocen (cocinar, la peluquería, el supermercado, cuidar a los bebés….); de hecho en las aulas tienen un rincón de los disfraces que ellos mismos, partiendo de su interés, gestionan con naturalidad, sin la intervención del adulto. Son más conscientes, en general, de que es una fiesta, algo diferente, y son capaces de disfrutarlo con la familia, con sus amiguitos y la profe.

Aun así, hay niños que, aunque estén en el momento en el que puede ser significativo para ellos celebrar estas tradiciones, no quieren disfrazarse, no les gusta. A algunos les da miedo, o vergüenza, o no son capaces de ver la diferencia entre un disfraz y algo real.

En conclusión, desde la escuela nos centramos sobre todo en las aulas de los más mayores con propuestas de actividades que de un modo u otro están relacionadas con estas tradiciones, pero que no se salen de nuestra rutina diaria, por ejemplo, en Halloween, manipulamos calabaza, incorporamos vocabulario relacionado con esta fiesta…  todo ello sin necesidad de utilizar un disfraz.